Cementos Cruz finaliza el proyecto Eco-Hul

La fabricante de cemento Cementos Cruz, en colaboración con su filial Hormicruz, y el grupo de investigación de Ciencia y Tecnología Avanzada de la Construcción (CTAC) de la Escuela de Arquitectura e Ingeniería de Edificación de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha finalizado el proyecto de desarrollo de un hormigón estructural ligero, con un 30% menos de densidad, frente a los convencionales, y con altas resistencias. Para lograr desarrollar este producto se estudió y evaluó la posibilidad de emplear residuos industriales (plástico o papel) y nanomoléculas de sílice, para la fabricación de hormigones ultraligeros, de manera que se cumpla con los estándares de resistencia y durabilidad requeridos en la normativa asociada a este tipo de productos.

 

Finalmente, se utilizaron como áridos ligeros diferentes residuos como plásticos de invernadero, residuos de corcho de la industria de envasado o neumáticos triturados. El hormigón ligero es “ideal”, según los responsables de la investigación, para zonas sísmicas por la reducción de inercias y sobrecargas que pueden dañar los edificios en los terremotos, por su alta impermeabilidad. El proyecto de investigación surgió de la problemática ambiental que se deriva  de la producción, almacenamiento y generación en grandes cantidades diarias de residuos industriales.

 

Las 3 fases de la investigación

 

Durante la investigación se siguieron diversas fases para profundizar en el conocimiento y puesta en práctica en laboratorio e implantación industrial de hormigones de altas resistencias y ligeros para uso estructural, a la vez que más respetuosos con el medio ambiente. Para ello, se diseñó y planificó una amplia campaña basada en tres ejes principales. El primer eje consistió en sustituir parte del cemento por adiciones activas, la mayoría de ellas obtenidas como residuos de otros procesos industriales, para reducir la cantidad de clínker, el principal componente del cemento, utilizado en los hormigones reciclados de altas resistencias.

 

Por otro lado, el segundo eje pretendió reemplazar parte de los áridos calizos naturales extraídos de canteras artificiales por áridos reciclados ligeros obtenidos como reciclado de otros procesos industriales. Este segundo eje, además de las implicaciones medioambientales directas que produce, reduce significativamente la densidad de los hormigones. Con ello, las futuras estructuras de hormigón reducen sus cargas o peso propio con implicaciones muy positivas en el ahorro económico y de materiales por el hecho de precisar, entre otros, de menos refuerzos de acero. Además, la reducción del peso propio de las estructuras reduce las cargas e inercias que se generan en los terremotos, lo que beneficia a la vida útil de las estructura y permite utilizar menos refuerzos de acero. Finalmente, el tercer eje consistió en la combinación de los conocimientos adquiridos anteriormente y optimizar los beneficios que cada sustitución aporta a los hormigones finales.



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