radón

¿Cómo prevenir el radón en mi espacio de trabajo?

¿Por qué es importante tener en cuenta el radón?

La vinculación entre la exposición a altas concentraciones de radón y la incidencia de cáncer de pulmón se conoce desde hace mucho tiempo. De hecho, la relación entre exposición a radón y cáncer de pulmón se observó por primera vez en mineros del uranio, cuyas exposiciones podían llegar a ser altísimas. Posteriormente se comprobó que el riesgo también está asociado a concentraciones de radón inferiores a las halladas en la minería. Aunque evidentemente se trate de algo antiguo, hace relativamente poco que se está incidiendo en un problema que puede afectar a viviendas y locales de trabajo.

La exposición a altas concentraciones de gas radón en espacios interiores constituye un riesgo importante para la salud respecto al cual se sigue acumulando evidencia científica muy preocupante. Por ello, numerosos organismos internacionales coinciden en que la exposición prolongada a niveles elevados de radón acarrea un grave riesgo para la salud y reconocen la asociación causal entre exposición a radón y cáncer de pulmón. Es por ello que han recomendado a los Estados que adopten normativa al respecto.

En España, la normativa vigente obliga a eliminar o controlar las exposiciones a cancerígenos en los lugares de trabajo. Sin embargo, el radón sigue estando desatendido en la prevención de muchas empresas. Hay que tener en cuenta que, además de las exposiciones laborales, pueden existir exposiciones a niveles altos de radón en los domicilios y en las zonas de servicios. Siendo un riesgo laboral, los delegados de prevención tienen un papel importante en el impulso a la acción preventiva contra este agente cancerígeno.

¿Qué es exactamente el radón? Es un gas radiactivo, incoloro, inodoro e insípido. Está presente de forma natural en las rocas del subsuelo, en materiales de construcción y también puede estar presente en el agua. Va emanando de las rocas del subsuelo de forma natural, donde en su desintegración en el aire emite partículas radiactivas.

¿Cómo afecta el radón en el interior de los edificios?

El radón puede estar presente en espacios situados en el interior de edificaciones, sean estas residenciales, laborales o comunitarias. Se convierte en un problema si tiende a acumularse y dar lugar a concentraciones elevadas y peligrosas. Esto dependerá de:

– Área geográfica del edificio:

Se libera más radón en zonas graníticas que en las arcillosas o calcáreas, debido a que las primeras contienen mayor cantidad de uranio y torio en comparación con otros tipos de piedras como las areniscas, carbonatadas o basálticas. Los suelos porosos facilitan la liberación del radón al aire, mientras que los suelos compactos o arcillosos que tienen menor porosidad y permeabilidad retienen más el radón. Los suelos graníticos muy fracturados liberan más radón que los graníticos compactos.

– Tipo de edificación:

El radón puede provenir de los propios materiales de construcción, como el granito. Sin embargo, la mayor parte del radón acumulado en los edificios proviene del propio terreno. Puede penetrar y acumularse en el edificio solo si la construcción es permeable; es decir, solo puede entrar en los edificios si encuentra una vía para introducirse. Las principales vías por las que el radón accede a los edificios son huecos entre el suelo y la pared, grietas en el suelo y huecos alrededor de tuberías y cables. También puede entrar al edificio en el agua de los grifos proveniente de pozos, aunque en general suele ser una fuente menor.

– Nivel en el que se sitúan las estancias:
Las zonas situadas a nivel del suelo o en el subsuelo (sótanos, bodegas, etc) suelen tener una concentración mucho mayor. Esto se debe a que están más cerca del subsuelo y a que el radón es algo más denso que el aire. En general, los edificios con sótano suelen tener más concentración de radón que los que no lo tienen.

– Frecuencia de ventilación y temperatura interior:

En la mayoría de los edificios, la presión atmosférica a nivel del suelo es ligeramente inferior a la de la presión del aire exterior, debido a que el aire interior suele ser más cálido. Esto provoca que el aire de la tierra se introduzca en los edificios, llevando consigo el radón. Así, los niveles de radón en interiores varían con las estaciones del año: los niveles de radón en invierno suelen ser superiores a los de verano, de acuerdo a las variaciones de la temperatura media exterior y a la ventilación (menor en invierno que en verano).

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